CYNOSDIOGENES filosofía feroz

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Julio del 2008


FILÓSOFOS CÍNICOS

Publicado el 21 de Julio, 2008, 2:53. en General.
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Dedicamos esta página a los principales filósofos cínicos: Antístenes, Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, Metrocles e Hiparquia de Maronea, Onesícrito de Astipalea, y otros cínicos menos conocidos. Finalmente exponemos, solo en números, el catálogo integral de cínicos de M.-O-Goulet-Cazé.

Antístenes

Antístenes fue el prototipo de sabio austero y solitario, con una confianza radical en el ser humano individual y una desconfianza total en las instituciones de cualquier clase.

Fue uno de los filósofos más relevantes de su época, discípulo directo de Sócrates, tuvo a su vez una influencia decisiva en algunas de las escuelas que se formaron en este periodo, tanto por sus teorías, como por su actitud y su forma de vida. Es considerado como el precursor de la escuela cínica a través de Diógenes y de Crates, y también de la escuela estoica a través de otro de sus seguidores, Zenón de Citio.

Antístenes nació en Atenas, entre los años -450 y -445 y murió en al año -366 (fechas aproximadas dependiendo de las fuentes). Participó en la batalla de Tanagra, con unos 20 años, de ahí la posible datación de su nacimiento. Su padre fue un ciudadano ateniense y su madre una esclava tracia, este mestizaje le impedía conseguir la ciudadanía ateniense, pero no parece que esto le importunara demasiado, incluso ironizaba al respecto diciendo que también la madre de los dioses era extranjera.

Comenzó su andadura filosófica como discípulo del famoso sofista Gorgias, que como todo sofista cobraba por enseñar, por lo cual se podría deducir que Antístenes o bien gozaba de una posición económica desahogada o que él mismo ejercía de sofista y cobraba por esto. En este mismo tiempo se inició también en los misterios órficos. Sin embargo, su principal aprendizaje fue con Sócrates, de quien se hizo discípulo y amigo hasta la muerte de éste.
Antístenes estuvo presente en uno de esos raros momentos estelares de la filosofía como fué la muerte de Sócrates, mientras discutían sobre la inmortalidad del alma y esperaban a que llegaba el momento de beber el veneno que le causaría la muerte.
La tranquilidad del viejo maestro en tan decisivos momentos causó una profunda impresión en todos los que estaban allí presentes y es muy probable que esto influyera en la insistencia posterior de Antístenes en la ataraxía.

Un buen día Antístenes decidió prescindir de todo lo superfluo y fundar su propia escuela. Lo hizo en un gimnasio en las afueras de Atenas llamado cinosarges, que quiere decir el perro blanco (perro raudo o veloz, según otras versiones), dando lugar a la duda de si de esta circunstancia deriva el nombre de la escuela cínica. El cambio es tan radical que se manifiesta también externamente, viste ahora un manto, un zurrón y un bastón, indumentaria que se convierte en el uniforme del cínico. Prescinde de una manera decisiva de todo lo que no puede llevar encima, con la intención de librarse de los caprichos de la fortuna y regir su propio destino.
El objetivo es alcanzar la felicidad y esto se consigue si uno depende solo de sí mismo. Lo fundamental para el cínico es la autarquía, es decir la independencia de todo condicionamiento exterior, la autosuficiencia, que puede aprenderse pero que requiere un esfuerzo. Antístenes pone como ejemplo al héroe Heracles (Hércules). Atrás queda todo aquello que considera que ya no le pertenece al sabio, la familia, el dinero, la fama y sobre todo sus antiguos pensamientos. En cierta ocasión afirmó que la mayor dicha era sin duda, morir feliz.

Antístenes vivía según su propia ley, la que él mismo eligió para sí, de acuerdo con la areté personal que libremente asumió. Las leyes establecidas, las convenciones sociales no eran para este sabio, que como todos los cínicos despreciaba las normas, las instituciones, las costumbres y todo lo que representa una atadura para el hombre. Predicaba una vuelta a la naturaleza como revulsivo a la domesticación social y cultural que se imponía en las ciudades. Poseía una amplia cultura y escribió numerosos libros, Diógenes Laercio los agrupa en 10 volúmenes y nos da el título de casi 60 escritos, de los cuales actualmente tan solo se conservan 2 breves fragmentos (Sobre Ayax y Sobre Ulises).

Diógenes de Sinope

La figura de Diógenes enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico.

Su forma de vida perruna, su estilo agresivo, su comportamiento siempre en contra, le diferencian sin confusiones. Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre, se masturbaba en público, comía carne cruda, escribía libros a favor del incesto y del canibalismo. Si alguien es el prototipo de transgresor, ese es Diógenes de Sinope.

Nació en Sinope (Asia Menor) entre los años -413 y -400 y murió en Corinto en el año -323. Este mismo año es probable que murieran también Aristóteles y Alejandro Magno. Su padre era banquero y cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta "invalidar la moneda en curso", que como todas las respuestas de los oráculos era enigmática. Dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores. Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas, el resultado fue la expulsión y el destierro de Sinope. Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse, fue su irónico comentario. Forzado por estas circunstancias deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes, optó por llevar una vida austera y adoptó la indumentaria cínica, como su maestro.

Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él, que era un Sócrates que había enloquecido. Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones. Propone una nueva valoración frente a la valoración tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, es decir, ciudadano del mundo, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por tanto en mundo es de todos.

La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época, se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó a Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filosofo respondió simplemente: apártate a un lado que me quitas el sol. Esta anécdota pretende reflejar claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder. Esta actitud crea una radical separación con los políticos. Todo esto es posible pero se necesita un duro entrenamiento (ascesis). Diógenes, como todos los cínicos recomienda el entrenamiento para adquirir la areté, ejercitarse tanto física como mentalmente para endurecerse y llegar a la impasibilidad y a la autosuficiencia. La independencia se consigue con el esfuerzo, como el viejo héroe Heracles, que sirve de ejemplo a los cínicos, porque vive conforme a su propia valoración de las cosas y no según normas ni convenciones impuestas desde fuera. Escribió algunos libros, que se han perdido, pero todos los indicios hacen suponer que eran de carácter breve y en forma de máximas o sentencias agudas e irónicas, según sus comentaristas.

Su muerte, como no podía ser de otra manera, también es motivo de anécdotas. Según algunos murió por su propia voluntad, suicidándose mediante la "contención del aliento", dueño de su destino y del momento de su muerte. Según otros murió de las mordeduras de un perro, esta vez de los de cuatro patas o de una indigestión por comer pulpo crudo.

Cuentan también, pero esto ya es otra historia, que aún resuena el eco de las carcajadas del sabio de vez en cuando y que sus amigos levantaron un monumento en su honor, que consistía en una columna coronada por un perro de mármol.

Crates de Tebas

Crates era un ciudadano adinerado y de buena posición social, que renunció a toda su fortuna para hacerse filósofo cínico. Fue discípulo de Diógenes y maestro de Zenón de Citio, el que luego fundara una de las tendencias más importantes de la filosofía antigua, el estoicismo.

Crates, a diferencia de su maestro, era un hombre amable y tranquilo, que le valió el sobrenombre de "el filántropo", así como el de "abrepuertas" porque la gente le llamaba a sus casas para pedirle consejo y charlar con él. Nació en Tebas aproximadamente en el año -368, pero enseguida se marchó a Atenas, para hacerse seguidor de Diógenes, murió hacia el año -288. Como todos los cínicos predicaba la autarquía y la sencillez dando ejemplo con su vida y sus actos, y aunque de estilo menos agresivo que sus predecesores, su actitud es la misma que los demás.
Para Crates la filosofía le libera de su esclavitud externa, en cuanto a la familia, la propiedad o las contumbres sociales y le libera también de esclavitud interna, de sus opiniones, manteniendo su radical libertad individual. Para conseguir vivir feliz, es suficiente con lo mínimo, es esencial la frugalidad y la distancia con las instituciones y las leyes. Crates escribió bastantes obras de literatura en las que consiguió mantener un buen nivel y además las escribió casi siempre en verso, sus obras consisten en una mezcla de poemas medio broma y medio serio, y parodias que escondían mensajes éticos.
Pretendía propagar los principios de Diógenes, de una manera atractiva, y probablemente de esta manera consiguió llegar a una audiencia bastante amplia. Protagonizó uno de los escándalos mas curiosos de la filosofía antigua: su historia de amor con Hiparquia, filósofa cínica como él.

Metrocles e Hiparquia de Maronea.

Fueron dos hermanos que provenían de una familia rica de Maronea.
Metrocles tuvo desde muy temprano inquietudes filosóficas y gracias a que tenía bastante dinero pudo dedicarse a ello sin problemas. Fue discípulo de Teofrasto y luego también de Jenócrates. Pero no se sintió satisfecho hasta que encontró a Crates y se hizo discípulo suyo y abandonó sus pertenencias. Fue conocido como un experto en la anécdota breve, con ánimo de memorizar y utilizar como guía. Poco más se sabe de su vida, salvo que por su mediación, su hermana Hiparquia conoció a Crates del que se enamoró pero al principio este amor no fue correspondido y ante esta situación le amenazó con suicidarse, al final y en contra de las normas sociales de la época mantuvieron una relación cínica, que incluía el mantenimiento de relaciones sexuales en público.

Hiparquia es una de las pocas mujeres filósofas de la antigüedad (aunque no la única), y desde luego fue la única cínica. La dureza de tener que abandonar todas sus pertenencias, vestir el manto cínico, llevar una vida como la de sus compañeros y ser uno más no debió ser nada fácil, dadas las costumbres de la época. Sin embargo su relación con su Crates, resultó ser de lo más cordial y compartían todo de igual a igual, incluido la filosofía.

Onesícrito de Astipalea.

Su vida transcurrió aproximadamente entre los años -380 a -300. Fue otro de los discípulos importantes de Diógenes y el más viajero. Acompaño a Alejandro Magno en una expedición la India, donde entró en contacto con los gimnosofistas hindúes, a los que define como sabios o santones medio desnudos y a los que comparó con los cínicos griegos. Su vida no fue la un auténtico cínico al estilo de sus predecesores, pero su actitud y la propagación del cinismo hizo que Diógenes Laercio le incluyera en su libro y su nombre figure en cualquier lista de cínicos.

Otros cínicos menos conocidos.

Diogenes Laercio aún menciona a otros tres filósofos en la lista de cínicos y a los que trata más brevemente: Mónimo de Siracusa, que fue discipulo de Diógenes, Menipo de Gadara, discípulo de Crates, Menedemo de Lampsaco y dos más en otras partes de su libro: Bión de Boristenes (-335 a -245) que fue vendido como esclavo, y acabó en Atenas estudiando filosofía con Crates y Estilpon de Megara (-360 a -280) que pasó por la escuela cínica (es probable que fuera alumno de Diógenes) y por la megárica donde llegó a encabezarla.

De los filósofos posteriores a Diógenes Laercio, solo destacaremos a Luciano de Samosata que fue una mezcla de cínico y de epicúreo, escribió numerosa obras, casi todas de carácter satírico, así como diálogos en algunos de los cuales intervienen filósofos cínicos.

Catálogo integral de filósofos cínicos conocidos.

M.-O.Goulet-Cazé, en un excelente trabajo, ha elaborado un catálogo integral de los cínicos conocidos, con un pequeño resumen de cada uno de ellos, dispuestos en 8 grupos: 83 cínicos cuya autenticidad histórica está comprobada, 14 cínicos anónimos, 10 personas cuya vinculación con el cinismo es incierta, 31 cínicos de las pseudoepigráficas Epístolas cínicas, 13 cínicos casi con seguridad ficticios, pero que aparecen en la literatura, 1 cínico por equivocación, 4 personas que no fueron cínicas, pero a las que se conocía como perros, y por último varios títulos en los que aparece la voz perro.


ENTREVISTA: Michel Onfray

Publicado el 14 de Julio, 2008, 3:46. en General.
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ENTREVISTA: Michel Onfray

"Los hombres se inventan dioses para no mirar la realidad"

OCTAVI MARTÍ 18/03/2006

Michel Onfray es un filósofo atípico. De entrada, porque escribe con incontinencia periodística. Nacido en 1959 lleva publicada una treintena de libros, algunos de los cuales auténticos éxitos editoriales dentro de una disciplina que los pone siempre bajo sospecha. De su Antimanuel de philosophie (Bréal, 2001) vendió 100.000 ejemplares y del Traité d'athéologie (Grasset, 2005), que ahora se traduce al castellano, más de 200.000 encontraron comprador en las librerías francesas. "Hay gente a la que agrada escuchar la palabra de un ateo en medio de tanta música gregoriana", resume Onfray. Porque, según él, estamos viviendo en pleno retorno de lo religioso. "Basta con abrir la televisión. ¿Qué vemos? A Bush rezando, a Bin Laden hablando de erradicar a los impíos, a Sarkozy refiriéndose a su cultura católica, a gente debatiendo sobre si hay o no que tolerar el velo o pañuelo islámico en institutos...". La polémica sobre las caricaturas de Mahoma ratifica su diagnóstico. Pero Onfray es también atípico porque hace ya algunos años decidió abandonar la carrera académica y el prestigio de las cátedras para filosofar en pantuflas desde su Université Populaire, en Caen. "Imparto dos horas de clase todos los martes, de seis a ocho de la tarde, ante 600 personas. Entrada libre, sin matrícula ni título a la salida", nos explica Onfray. "Cuando empecé lo hice ante 50 personas. Solo. Sin presupuesto. Ahora somos nueve profesores. Ofrecemos cursos de cine, de filosofía para niños, de psicología, de arte contemporáneo, de historia".

      El escritor francés Michel Onfray
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      El escritor francés Michel Onfray- TEJEDERAS

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      "Hay gente a la que agrada escuchar la palabra de un ateo en medio de tanta música gregoriana"

      La duda ante la audiencia obtenida por Onfray -no sólo se venden sus libros sino que sus clases son editadas por una discográfica- pasa por saber si las instituciones oficiales le hubieran impedido encontrar el mismo eco. Una emisora pública emite sus clases. Una discográfica se ha comprometido a editar 144 horas de sus discursos filosóficos y ya lleva 6.000 discos vendidos. "Si siguiera trabajando dentro del Ministerio de Educación debería respetar un programa, unos autores, unos conceptos, preparar a los alumnos para superar unos exámenes de acuerdo con unas determinadas fórmulas... todo eso está bien pero hay mucha gente que satisface esa demanda, que se adapta al molde. En el Ministerio te dejan enseñar la filosofía como quieres, pero sólo oficialmente porque hay que hablar de Platón, de Aristóteles, de todos los grandes autores, antiguos y modernos... no queda tiempo para adentrarse en otros terrenos". Y él prefiere hablar de La Metrie, Feuerbach y Holbach en vez de Rousseau, Diderot y Voltaire. "Y del abate Jean Meslier, de quien sólo se publicaron sus memorias una vez hubo muerto, puesto que las dedicó a demostrar la inexistencia de Dios. Meslier escribe que es partidario de 'ahorcar a todos los nobles con los intestinos de todos los capellanes". El tremendismo criminal de la fórmula divierte a Onfray, sobre todo por venir de quien viene.

      fray dedica muchas más páginas a arremeter contra los tres grandes monoteísmos que a construir su alternativa atea. Y el cristianismo y el islam le soliviantan mucho más que el judaísmo. "El judaísmo está pensado para salvar a la propia nación. No tiene la furia asesina de las otras dos religiones respecto a los que considera infieles". Eso sí, los tres monoteísmos comparten idéntica "pulsión de muerte. ¡Para merecer la vida eterna nos exigen que vivamos como si ya estuviésemos muertos!: prohibidos los placeres, prohibidos los deseos, las pulsiones, el cuerpo". Insoportable para un hombre que se autodefine como un "materialista epicúreo" y que ha escrito libros con títulos que, traducidos, darían La razón golosa, El arte del placer, Teoría del cuerpo amoroso, La invención del placer o Magias anatómicas. Su descubrimiento de que otra filosofía es posible "se la debo a Lucrecio. De él aprendí la posibilidad de una moral sin necesidad de Dios y trascendencia. Los hombres se inventan dioses porque no son capaces de mirar la realidad cara a cara".

      El éxito de sus últimos libros se lo explica "porque la gente está harta de tanta religión, del discurso cristiano. Creo que revela el sentimiento de la época. Como las novelas de Houellebecq, corresponde a un deseo y a una realidad. Y en el caso del Antimanuel debo decir que también juega a mi favor descubrir autores que la filosofía oficial oculta o minusvalora". En un primer momento el editor del Tratado de ateología no creyó en la viabilidad comercial ni en el interés del libro. "Me decía que el título era viejo, que remitía a la época de la III República, a una tradición anticlerical que ya no tenía razón de ser. ¡Sin darse cuenta él mismo parecía estar defendiendo la necesidad de dejar a Dios tranquilo!". La necesidad de trascendencia, de darle a la existencia un valor superior, le irrita: "Mi colega Luc Ferry ya se ocupa de ello. O George Steiner, que es muy bueno en ese tipo de reflexión. Yo no veo ninguna contradicción en ser Spinoza y panteísta. El atomismo, desde Demócrito, ya nos ahorra las explicaciones trascendentes. Steiner utiliza el arte, la satisfacción o el placer que produce el arte, para hablar de Dios. Pero el arte es algo tangible, la belleza no tiene nada que ver con la divinidad y sí con el sistema neurovegetativo. Existen muchos pensadores marginales, subversivos, divertidos, a los que les agrada reír, comer y beber, gente que ha sabido vivir, que son enamorados de la vida, del amor, de la amistad bajo todas sus formas. Basta con recordar a Aristipo de Cirene y la gente de su escuela, a Diógenes y los cínicos, a Gassendi y su elogio del libertinaje, a Jacques La Mettrie, a Diderot, Helvétius, a Charles Fourier o a Raoul Vaneigem y los situacionistas... ¡la lista es larga!".

      panfleto, con una buena bibliografía pero sin sentirse obligado a llenar el texto de notas, Onfray parece sintonizar con el marqués de Sade que, en un poema, llegaba a quejarse de que Dios no existiese porque eso le impedía insultarle. "Lo peor de libros como la Biblia o el Corán es que ahí se puede encontrar todo y su contrario, las proclamas de misericordia y la instigación al crimen. El Corán es de una violencia extraordinaria respecto a los que considera infieles. De acuerdo, la gente del Libro, judíos y cristianos, pueden vivir en territorio musulmán -es la tolerancia conocida como dhimma- y de eso presumen imanes y mollahs, pero no dicen que, durante siglos, esa mansedumbre para quienes no le rezan cinco veces al día a Alá sólo se aplicaba si pagaban la gizya, que también pudiera llamarse extorsión o impuesto revolucionario. Es la protección que te ofrecen las mafias. La descripción misma que se hace en el Corán del paraíso debiera poner en evidencia el carácter perverso de una religión que, en el otro mundo, te premia con carne de cerdo, mujeres y efebos en abundancia, te libera de plegarias, te augura borracheras en abundancia, con vino y carne servida en vajillas de oro... Es decir, la vida de cada día tiene que ser miserable y repleta de prohibiciones para tener luego acceso a la orgía perpetua. ¡Extraña lógica religiosa esa que determina que en el paraíso deja de ser pecado todo lo que lo era en este valle de lágrimas!".

      El trato dispensado a la mujer por las tres grandes religiones monoteístas -los judíos prohíben a la mujer estudiar la Torah, los cristianos la hacen hija de una modesta costilla del macho Adán, los musulmanes no sólo le impiden mostrar el cabello o la piel de brazos y piernas sino que, legalmente, valoran su testimonio en la mitad de lo que vale uno masculino- hace que Onfray diga que "para ellas la mujer está de más. Es la tentación perpetua, simboliza todos los excesos -de placer, de deseo, de pasión, de irracionalidad, de sexo- y está ahí como un personaje de segunda categoría: Dios prefiere a los hombres".


      Anécdotas de Diógenes de Sinope

      Publicado el 14 de Julio, 2008, 3:35. en General.
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      Anécdotas de Diógenes de Sinope

      Juan Carlos del Río

      Diógenes fue uno de los más destacados filósofos de la escuela cínica. Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad, aunque esto solo era posible mediante una rigurosa disciplina física y mental.

      El cinismo es una forma de vivir, pero también de pensar y de expresarse, y como no se han conservado las obras de los primeros cínicos, hoy son conocidos en gran parte por dichos y anécdotas, que fueron transmitidos en forma de colecciones, la más usada es la de Diógenes Laercio, referencia fundamental para el estudio no sólo de los cínicos, sino de gran parte de la filosofía anterior a su autor. Utilizaron recursos literarios diversos donde no faltan la parodia, la sátira, la anécdota o la burla, pero siempre de forma escandalosa y provocado


      Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero fue rechazado, ya que éste no admitía discípulos. Ante su insistencia, Antístenes le amenazó con su bastón, pero Diógenes le dijo: “no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”.


      Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, contestó: “mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo”.


      Cuando le invitaron a la lujosa mansión le advirtieron de no escupir en el suelo, acto seguido le escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.


      Se decía que Diógenes iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo "Busco un hombre". Y así se refaría a que en realidad ninguno nos comportamos enteramente como seres humanos.


      En otra ocasión le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.


      Diógenes, el filósofo griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla del río, sobre la arena, tomando el sol desnudo... Era un hombre hermoso. Alejandro no podría creer la belleza y gracia del hombre que veía. Estaba maravillado y dijo:

      “Señor...” - jamás había llamado “señor” a nadie en su vida- “...señor, me ha impresionado inmensamente. Me gustaría hacer algo por usted. ¿Hay algo que pueda hacer?”

      Diógenes dijo: “Muévete un poco hacia un lado porque me estás tapando el sol, esto es todo. No necesito nada más.”

      Alejandro dijo: “Si tengo una nueva oportunidad de regresar a la tierra, le pediré a Dios que no me convierta en Alejandro de nuevo, sino que me convierta en Diógenes”.

      Diógenes rió y dijo: “¿Quién te impide serlo ahora? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos ¿Adónde van, para qué?”.

      Dijo Alejandro: “Voy a la India a conquistar el mundo entero”.

      “¿Y después qué vas a hacer?”, preguntó Diógenes.

      Alejandro dijo: “Después voy a descansar”.

      Diógenes se rió de nuevo y dijo: “Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo que necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar y relajarte ¿Por qué no lo haces ahora? Y te digo: Si no descansas ahora, nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en medio del camino, en medio del viaje”.

      Alejandro se lo agradeció y le dijo que lo recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador, pero no le dio tiempo a descansar antes de morir.


      CAFÉ FILOSÓFICO- noveno encuentro

      Publicado el 9 de Julio, 2008, 22:59. en General.
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      Noveno encuentro

      CAFÉ FILOSÓFICO

      "LAS SABIDURÍAS DE LA ANTIGUEDAD"

      sábado 12 de julio, 19hs

      coordina: Carlos Liendro

      para material bibliográfico pueden ver el blog de FILOSOFÍA

      http://cynosdiogenes.zoomblog.com

      auspicia: www.cewr.galeon.com

      CENTRO DE LAS ARTES

      UNIVERSIDAD DE GENERAL SARMIENTO

      Roca y Muñoz- San Miguel



      DIÓGENES

      Publicado el 9 de Julio, 2008, 22:24. en General.
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      ESCUELA CÍNICA

      Antístenes

      Diógenes

      Crates

      Diógenes es el sabio cínico más cautivante, al punto que su figura se ha convertido en una leyenda. Vivía en un tonel. Su aspecto era descuidado y su estilo burlón. Era en extremo transgresor. Platón llegó a decir de él que era "un Sócrates que se había vuelto loco".

      Nació en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.» Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, se hizo discípulo de Antístenes. 

      A partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los cínicos. Vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las instituciones sociales. Su comida era sencilla. Dormía en la calle o bajo algún pórtico. Mostraba su desprecio por las normas sociales comiendo carne cruda, haciendo sus necesidades fisiológicas, manteniendo relaciones sexuales en la vía pública, y escribiendo a favor del incesto y el canibalismo. Se burlaba de los hombres cultos —que leían los sufrimientos de Ulises en la Odisea mientras desatendían los suyos propios— y de los sofistas y los teóricos —que se ocupaban de hacer valer la verdad y no de practicarla—. También menospreciaba las Ciencias (la Geometría, la Astronomía y la Música) que no conducían a la verdadera felicidad, a la autosuficiencia.

      Sólo admitía tener lo indispensable. Cuentan que un día, viendo que un muchacho tomaba agua con las manos, comprendió que no necesitaba su jarro y lo arrojó lejos. En otra ocasión, cuando estaba en Corinto, el mismísimo Alejandro Magno se le acercó y le preguntó: «¿Hay algo que pueda hacer por ti?», a lo cual Diógenes le respondió: «Sí, correrte. Me estás tapando el sol.» 

      En una oportunidad salió a una plaza de Atenas en pleno día portando una lámpara. Mientras caminaba decía: «Busco a un hombre.» «La ciudad está llena de hombres», le dijeron. A lo que él respondió: «Busco a un hombre de verdad, uno que viva por sí mismo [no un indiferenciado miembro del rebaño].»

      Una vez, al ver cómo unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: «Los grandes ladrones han apresado al pequeño.» Cuando necesitaba dinero para comprar comida, se lo reclamaba a alguno de sus amigos y, si éste se demoraba, le decía: «Te pido para mi comida, no para mi entierro.»

      Durante un viaje en barco fue secuestrado por piratas y vendido como esclavo en Creta. Los vendedores le preguntaron para qué era hábil y él contestó: «Para mandar.» Lo compró Xeniades de Corinto y le devolvió la libertad convirtiéndolo en tutor de sus hijos.

      Como vivía en la vía pública, algunos jóvenes solían acercársele para molestarlo. En más de una oportunidad tuvieron que alejarse corriendo porque Diógenes los atacaba a mordiscones, como un perro.

      Al igual que su maestro Antístenes, Diógenes reconocía que era necesario entrenarse para adquirir la virtud, la impasibilidad y la autarquía. Y, como su maestro, tomaba como modelo a Hércules, quien vivió según sus propios valores. Se consideraba ciudadano del mundo y sostenía que un cínico se encuentra en cualquier parte como en casa.

      Diógenes escribió varias obras, probablemente en forma de aforismos, que se han perdido.

      Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda.

      N. del E.: En la sección Visiones hemos publicado una edición bilingüe de “Crates, cínico”, una de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob. El relato de este exquisito autor francés seguramente será disfrutado por todos los que sienten curiosidad o admiración por los miembros de la Escuela Cínica. 

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      Filosofía proscrita

      Publicado el 9 de Julio, 2008, 22:21. en General.
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      Filosofía proscrita

      LUIS FERNANDO MORENO CLAROS 14/06/2008

      Habría que reescribir la historia de la filosofía occidental? ¿Debería enseñarse de otra forma la filosofía en general? Así lo afirma el filósofo francés Michel Onfray (1959). Este autor de éxito, profesor "libertario" en la atípica Universidad Popular de Caen y a quien ya conocemos en España por títulos tales como Teoría del cuerpo enamorado (Pre-Textos), Antimanual de filosofía (Edaf) o Tratado de ateología (Anagrama), publicó en su país una amena y novedosa "contrahistoria de la filosofía" en seis tomos, dos de los cuales aparecen ahora en castellano junto a dos libros más recientes en los que expone su ideario de lo que según él debería ser la filosofía en tanto que materia enseñable y accesible a todos los públicos, y alejada tanto de la disciplina que bajo este nombre se imparte en instituciones estatales que la encorsetan como de productos de ínfima calidad que prometen sustituir al Prozac para el alivio de las depresiones.

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          Onfray es un excelente divulgador de lo que tendemos a olvidar y que tanto conviene recordar

          La Contre-histoire que propone Onfray es una "historia" alternativa a la tradicional de "la filosofía" tal y como suele transmitirse desde hace siglos hasta hoy; y es que, según él, la narración clásica de los avatares filosóficos está dominada por la sombra del "santo" Platón, cuya visión idealista del mundo continúa vigente tanto a través del cristianismo imperante y convertido en "doctrina de Estado" como en Hegel y Kant. De modo que lo que se nos ofrece una y otra vez como actitudes típicas de la filosofía son dogmas tales como el desprecio al cuerpo (la célebre "cárcel del alma"), la demonización de los placeres sensuales y de la vida material, inmanente y terrena; o también, que la más elevada virtud consiste en martirizarse y sufrir en aras de la felicidad eterna tras la muerte.

          Onfray reivindica la memoria de otros filósofos y pensadores que expresaron ideas opuestas a las de Platón, a los que agrupa bajo el término genérico de "hedonistas", es decir, amantes del placer, de la vida y su pálpito terreno. Decenios antes del aristocrático ateniense, varón nada jocoso y parco amante del placer, ya hubo filósofos que pensaron desde la vida y en la realidad con miradas nada idealistas. En su mayoría fueron vividores desaforados o gozadores prudentes, pero no seres metafísicos e inclinados a la mística, sino materialistas e incrédulos irreverentes con la religión y hasta con los legisladores políticos. Semejantes tipos constituyeron escuelas tales como la de los atomistas, los cínicos o los sofistas, de las que derivaron corrientes de pensamiento que constituyen una historia proscrita de la filosofía. Recuperar para el gran público a sus representantes es la tarea que se ha propuesto Onfray, para quien aquellos pensadores resultan ciertamente modernos por sus ideas transgresoras y "progresistas". Así pues, Onfray vuelve a Demócrito, por ejemplo, quien sentenció que "una vida sin alegrías es como un camino sin posadas"; o a Anaxarco, Antifón, Antístenes y Diógenes, que fueron autárquicos, desvergonzados, pobres y materialistas. Se ocupa también de recordar a la estrella rutilante de la Antigüedad hedonista, Epicuro: antípoda por excelencia de Platón -quien lo conoció y le tuvo manía- y fundador de El Jardín, escuela de sabiduría que Onfray opone en tanto que "comunidad fraterna real" al totalitario "Estado ideal" platónico. Los epicúreos profesaban el amor a la "vida buena" y consideraban que la filosofía sirve para enseñarnos a vivir mejor al curar "trastornos del alma" y liberarnos del miedo a la muerte. Más tarde, el romano Lucrecio difundió la cosmología epicúrea en un amplio poema titulado De rerum natura, al que Onfray dedica un espléndido capítulo con el que cierra un volumen ágil y entretenido.

          Con idéntico tono al libro anterior, El cristianismo hedonista recupera la filosofía descartada y proscrita tras el triunfo del cristianismo, en el siglo I, y hasta finales del siglo XVI. Una caterva de pensadores nada piadosos serán los relegados al olvido. Contemporáneos de los primeros cristianos fueron los gnósticos, que creían en el dominio absoluto del mal y culpaban a Dios del sufrimiento humano; postulaban que la salvación no dependía de lo que se hiciera con el cuerpo, así que potenciaban el placer. Simón el Mago, Basílides, Valentín o Carpócrates fueron sus mayores representantes: se mofaban de san Pablo y de su rigidez moral; uno de los principios más respetados por los miembros de estas sectas, sostiene Onfray, era el del amor al prójimo, pero, a ser posible, "en la cama". De aquellos desvaríos y alegrías gnósticas nació una corriente oculta que pervivió en Europa durante los siglos XIII y XVI: Los Hermanos y las Hermanas del Espíritu Libre; la integraron pensadores del "aquí y el ahora", tales como Amaury de Bène, que profesó el panteísmo, Willem Cornelisz, Bentivenga de Gubbio, Walter de Holanda, Juan de Brno o Helwige de Bratislava, una hermana tachada de "licenciosa" por ejercer su derecho al placer. Los "espíritus libres" santificaron la vida y denunciaron la hipocresía de la Iglesia oficial; ésta los mandó quemar vivos a casi todos.

          En el Renacimiento florecieron Lorenzo Valla, Marsilio Ficino y Erasmo; sin dejar de proclamarse cristianos divulgaron cierto epicureísmo al sostener que los goces terrenales ofrecen el atisbo de lo que será el goce eterno y la felicidad celestial en Dios; y que la "vida buena", aquella que aprecia los placeres corporales moderados, es compatible con la virtud.

          Onfray termina este segundo volumen con Montaigne, "uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos", el "inventor de la filosofía francesa" y "maestro de vida", al que dedica un relato emotivo, claro y erudito que sirve de inmejorable introducción para animar a los lectores a conocer al inigualable autor de Los ensayos.

          En La fuerza de existir Onfray resume su ideario filosófico; tras un impactante primer capítulo autobiográfico en el que recuerda sus desventuras en un orfanato de piadosos salesianos pederastas de quienes aprendió qué cara tienen las ideologías contrarias al goce y a la vida, continúa aportando una recapitulación de sus posturas y propuestas teóricas y existenciales, que tienen al hedonismo y a la razón -"pero de verdad"- por sustrato. Se declara "hedonista" porque reivindica el cuerpo como centro del aquí y el ahora, un objeto que hay que cuidar y mimar, fuente de placer y acción y el único vehículo de los logros humanos. Y recurre a la razón porque es la gran ausente en un mundo que no funciona con eficacia: con más razón y menos ontología este nuestro hogar terrenal progresaría hacia metas reales. En general el libro contiene sustanciosas reflexiones sobre el amor, la estética, el biologicismo, el ecologismo y la política, que será "libertaria", según la define Onfray, quien, en suma, no inventa nada nuevo, pero es un excelente divulgador de lo que tendemos a olvidar y que tanto conviene recordar.

          Gedisa publica La comunidad filosófica, "manifiesto" que contiene ideas ya conocidas por los seguidores del autor; destaca la propuesta "revolucionaria" de que la filosofía sea una asignatura que los niños cultiven en la escuela desde pequeños en lugar de a la edad en que se les imparte (con tibieza y enorme escasez) en la secundaria; una edad, como afirma Onfray, en la que han perdido el interés por preguntar, innato y vivo en la más tierna infancia pero que desaparece con el tiempo a causa de la abulia que invade a la mayoría de los adultos, poco interesados en contestar preguntas y en formarse como individuos pensantes.

          -

          Michel Onfray. Las sabidurías de la antigüedad. Contrahistoria de la filosofía, I. Traducción de Marco Aurelio Galmarini. Anagrama. Barcelona, 2007. 330 páginas. 19 euros. Cristianismo hedonista. Contrahistoria de la filosofía, II. Traducción de M. A. Galmarini. Anagrama. Barcelona, 2007. 340 páginas. 19,50 euros. La fuerza de existir. Manifiesto hedonista. Traducción de Luz Freire. Anagrama. Barcelona, 2008. 228 páginas. 18 euros. La comunidad filosófica. Manifiesto por una universidad popular. Traducción de Antonia García Castro. Gedisa. Barcelona, 2008. 160 páginas. 15 euros.


          LAS SABIDURÍAS DE LA ANTIGÜEDAD

          Publicado el 3 de Julio, 2008, 15:27. en General.
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          LAS SABIDURÍAS DE LA ANTIGÜEDAD

          En busca de Epicuro

          Por Gorka Echevarría Zubeldia

          La filosofía no ha sido más que una serie de comentarios a Platón, decía un famoso filósofo del siglo XX. Si recordamos que el cristianismo procede del platonismo y que, por tanto, la influencia del maestro de Aristóteles ha sido crucial, quizá la historia de la filosofía nos resulte más importante de lo que pudiéramos pensar en un primer momento.
          Platón fue, en palabras de Michel Onfray, quien predicó "la inmortalidad del alma, el odio al cuerpo, la excelencia de la muerte, la aversión a los deseos, los placeres, las pasiones, la libido, la vida". Todo esto se incorporó al cristianismo a través de San Agustín, quien, según Onfray, en La Ciudad de Dios incidirá en "el mismo odio al mundo real", si bien "en nombre (…) de un Dios de amor y de misericordia".
          Autores como Karl Popper han considerado a Platón el padre del totalitarismo moderno. Onfray, en Las sabidurías de la Antigüedad, se propone rescatar del olvido a algunos de los pensadores que quedaron sepultados por el peso de aquél. Si las preeminencias hubieran sido otras, quizá la historia hubiera sido muy distinta.
          Los nombres rehabilitados por Onfray ofrecieron un corpus teórico mucho más sensato y realista que el de Platón y sus seguidores: el hedonismo, una filosofía que se niega a predicar la aversión a las pasiones, los deseos, el placer y los sentidos.
          Esta "contrahistoria de la filosofía" da cuenta en un principio del pensamiento pre y post-socrático, de la mano de personalidades como Epicuro, Leucipo, Lucrecio, Demócrito, Filodemo de Gadara y Diógenes de Enoanda. Intentar agrupar este elenco bajo una misma filosofía viene a ser la tarea más compleja para Onfray, pero consigue superar la prueba subrayando que todos ellos "invitan al hombre (…) a liberarse de lo que le impide ser feliz, a trabajar sus deseos para enrarecerlos y hacerlos inofensivos, a liberarse de todos los apegos que dificultan hasta lo imposible un trabajo de purificación de uno mismo".
          Demócrito.Demócrito, ese impresionante personaje que descubrió la existencia de los átomos y del vacío, dejó entrever que se podía explicar el mundo en términos racionales y dejar atrás la mitología y la adoración a los dioses propias de la época. Para el primer materialista de la historia, el alma y el cuerpo son lo mismo: materia. Si el cuerpo muere, el alma también.
          Al no tener que preocuparse por el más allá, sino solamente por el más acá, el hombre puede ponerse en disposición de buscar la alegría. Para ello, no hay que dejarse llevar por la "animalidad desenfrenada", dice Onfray, sino aspirar al "modelado de uno mismo" y a la "construcción de la propia autonomía".
          La grandeza que plantea como meta Demócrito supone, añade Onfray, "no dejarse dominar por las pasiones que desequilibran; no desear más de lo que se tiene, ni hundirse en el deseo imposible de satisfacer; acceder a las alegrías que ofrece la existencia en la medida en que aumenten la adhesión al propio ser; definir lo útil y perjudicial mediante la satisfacción y el malestar; esforzarse en expulsar de sí las penas rebeldes". Parece que el supuesto libertinaje hedonista no es más que un mito que la historia ha lanzado sobre unos individuos que predicaban la sobriedad y el autocontrol y entendían que el hombre tenía la posibilidad de alcanzar la ataraxia, la felicidad.
          Merece la pena detenerse también en Antifón de Atenas y en su interesante visión de la psique humana. Este pensador advirtió que los conflictos interiores debilitan al hombre, cuyo cuerpo cae presa entonces de dolores, sufrimientos y enfermedades. Para evitarlo, hay que trabajar el alma y cuidarla tanto como se cuida el cuerpo. Es más, al parecer, Antifón practicó una suerte de psicoterapia basada en los sueños que podría ser un precedente de Freud. Pero el ateniense ha de ser asimismo recordado como defensor del derecho natural individualista, que sostiene que todo hombre tiene que reconocer a su semejante como tal.
          Epicuro.A pesar del gran número de autores que Onfray hace desfilar en esta obra excelentemente escrita, sólo nos podemos detener en el hedonista más famoso de todos los tiempos, el célebre Epicuro. Tradicionalmente despreciado como un hombre voluptuoso y apegado a los placeres materiales, se trata de un gran desconocido. Y es que, ante todo, fue un individuo extremadamente frugal que, por otro lado, rompió moldes en su tiempo al dar clase a las mujeres y tratarlas en su academia de la misma forma que a los hombres, lo cual dio pie a que sus enemigos lo difamaran poniendo en circulación un sinfín de rumores.
          Epicuro resumió su ideario en lo que se ha dado en llamar el tetrafármakon: "No hay nada que temer de los dioses, ni de la muerte", y "se puede soportar el dolor" y "lograr la felicidad".
          Es de destacar el análisis de Epicuro sobre la muerte. Si, cuando morimos, dejamos de sentir, lo cual implica no padecer sufrimientos ni alegrías, entonces es absurdo temer a la muerte. Luego, en lugar de concentrarnos en lo que pasará cuando nos muramos, lo lógico sería que nos centrásemos en la vida, en la buena vida.
          ¿Qué es eso de predicar el dolor como forma de vida? ¿Es este mundo un valle de lágrimas? Para Epicuro, como para Onfray, la respuesta es contundente: bajo ningún concepto se puede abrazar el sufrimiento como llave para una vida de placeres. El yihadista que sacrifica su vida por Alá y por las huríes que se le ha prometido disfrutará en la otra vida está muy influido, aunque no lo sepa, por el odio al cuerpo que desató Platón.
          Abogar por la liberación de tan pesada carga es el propósito de Onfray en este libro realmente delicioso, que aspira a celebrar la felicidad. Probablemente su excurso histórico no satisfaga a los eruditos de la filosofía, pero sí a cualquiera que busque una filosofía para vivir en este mundo y no en otro universo paralelo, como parece que sucede con ciertas religiones e idearios que predican imposibles normas, que frustran a quienes tratan de cumplirlas.
          MICHEL ONFRAY: LAS SABIDURÍAS DE LA ANTIGÜEDAD. CONTRAHISTORIA DE LA FILOSOFÍA (I). Anagrama (Barcelona), 2007, 330 páginas

          Sindicación

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